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Historia
del Oriente de Asturias
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Se han cumplido el día 21 de Marzo de 2000 los ciento treinta y dos años del nacimiento de EL ORIENTE DE ASTURIAS, el entrañable periódico llanisco que viera la luz en pleno reinado isabelino, a la vez que tenían lugar los sucesos revolucionarios de 1868. El tiempo transcurrido desde entonces y la lozanía con que cuenta en la actualidad constituyen la mejor prueba del interés que despiertan las páginas de este semanario, que ha sabido sobreponerse a múltiples adversidades. En este sentido no deja de ser significativo el hecho de que el modesto periódico de una villa asturiana ostente meritoriamente el decanato de la prensa del Principado, amparado en unos recursos que seguramente nunca pasaron de ser escasos, y sin otro bagaje que el desmedido esfuerzo humano de las sucesivas generaciones que se encargaron de su redacción y composición, contando con la incondicional admiración de unos fervientes suscriptores que hoy son millares.
No debieron ser fáciles las
últimas décadas del siglo pasado para un frágil
medio de comunicación que, en principio, tan sólo aspiraba
a conquistar un pequeño espacio en la liza local que se hallaba
establecida por el favor de un puñado de lectores, los cuales
tenían nombres y apellidos, como cabía esperar del Llanes
decimonónico. Así se entiende que por aquellos años
fueron varios los periódicos fundados en Llanes, tantos como
los desaparecidos tras una fugaz existencia, al socaire por lo general
de las ideas políticas al uso. Todos menos uno, que es a propósito
EL ORIENTE DE ASTURIAS. Y ello, a pesar de que muy poco tiempo después
de que saliera de la imprenta el primer número, bajo la dirección
de Castor Ladreda, al año siguiente (1869) cambiaba su cabecera
para adoptar una nueva denominación que fue la de EL HIJO DE
LLANES, prolongando de esta manera su vida hasta el año siguiente.
Hoy, cuando ha pasado mucho tiempo desde entonces, podemos ver con admiración
las páginas de aquellos ejemplares, de gran formato, recubiertas
por una característica pátina, compuestas mediante un
artesanal sistema de tipografía en los originales talleres de
la Plaza de Parres Sobrino.
Transcurrido algún tiempo,
en el año 1885, reaparecerá de nuevo este periódico
llanisco con su genuino nombre, y lo hará para publicarse de
una forma continuada hasta el presente, por más que conociera
días difíciles. Será en los años finiseculares
y en los del comienzo del nuevo siglo cuando EL ORIENTE reúna
en torno a sí, y bajo el impulso de directores como Manuel Toledo,
Angel de la Vega y Felipe Fernández, a un florido grupo de colaboradores,
cultivadores del costumbrismo en su mayor parte, y a menudo bien dotados
para la narrativa y la poesía. De los talleres de la calle Mayor
y de la plazuela de las Barqueras, a donde sucesivamente se trasladó
el semanario, salieron plasmadas en las páginas de EL ORIENTE
las obras de estos autores que hoy leemos con entusiasmo, redactadas
por entregas y dedicadas a un pequeño público que esperaba
con impaciencia cada sábado. Al pie de estas colaboraciones figuraban
nombres como los de Manuel de Foronda, José Saro y Rojas y Angel
de la Moría, a los que posteriormente se añadirían
los de Demetrio Pola, Pepín de Pría, Vicente Pedregal,
Fernando Carrera y Pancho del Cañamal por citar algunos de ellos.
Al cabo de los años todos ellos han alcanzado un justo reconocimiento,
y a buen seguro todos ellos se verían muy halagados viendo la
gratitud que les sigue profesando EL ORIENTE, el periódico en
el que pusieron sus ilusiones y que tantas satisfacciones les reportó
en vida.
A comienzos de los años veinte,
en medio de una difícil coyuntura económica, el periódico,
instalado por entonces en la calle Pidal, pasará a manos de un
jovencísimo y dinámico empresario, que desde ese momento
le tomará el relevo a Manuel Tamés en las labores de dirección.
El nuevo director, a la sazón, sería Antonio Maya, de
quien Celso Amieva dijera certeramente que era "el más madrileño
de los llaniscos y el más llanisco de los madrileños".
Efectivamente, este madrileño afincado en Llanes, bohemio por
naturaleza, encabezará desde entonces una saga laboriosa y entusiasta
que hoy, setenta años después, sigue rigiendo los destinos
de EL ORIENTE. Es preciso señalar que el semanario conocerá
tiempos aciagos coincidiendo con la Guerra Civil de 1936, hasta el extremo
de que la feliz progresión que se ha señalado hasta aquí
se vió lamentablemente truncada cuando el periódico dejó
de publicarse entre julio de 1936 y noviembre de 1937. En este último
año se reanuda la impresión hasta finales de 1938, en
que se suspende como consecuencia de una disposición gubernativa.
Es entonces cuando se produce una marcada censura de la publicación
de EL ORIENTE, que sólo se suavizará tras su reaparición
en 1948 en México, allí donde se halla desde hace un siglo
la colonia de llaniscos más numerosa en el exterior, publicándose
en este país con la periodicidad mensual hasta 1950. Fueron años
adversos, en los que por otra parte se conservó el espíritu
local y afectivo que había caracterizado al periódico
desde su fundación, y que en última instancia permitió
su rebrote poco más tarde, un 16 de febrero de 1952, justamente
en la querida tierra llanisca que le había visto nacer y crecer.
Felizmente, en la nueva etapa que se abre en el
ecuador de nuestro siglo, EL ORIENTE, ya ubicado en su actual emplazamiento
de la calle Gutiérrez de la Gándara, no sólo recuperará
con creces a sus lectores, sino que volverá a contar con el concurso
de un nutrido grupo de comprometidos colaboradores, entre los que, junto
a las conocidas firmas de Fernando Carrera o Pancho de Cañamal,
se cuentan las de Emilio Pola, Manuel Arce, Elviro Martínez,
Romay G. Arias, Roiz Noriega, Luciano Castañón, Luis Vela,
José Luis Chiverto, Juan Carlos Villacorta y otras. Además
de las esporádicas de Dolores Medio, Luis de Armiñán,
Alfonso de la Serna, etcétera. La razón de esta nueva
floración se halla en la tenacidad y la perseverancia de Antonio
Maya, para quien EL ORIENTE fue la apasionante aventura de su vida.
A comienzos de los años sesenta, tras la muerte de este generoso
editor, se haría cargo de la dirección su hijo Manuel
Maya, quien más tiempo ha permanecido en el cargo en la larga
vida del semanario.
A Manuel Maya le caben innumerables méritos,
comenzando por su natural modestia, y siguiendo por su afectuosa generosidad,
que acaso sean los más grandes de todos ellos. A lo largo de
las tres últimas décadas ha sabido granjearse la lealtad
de los lectores del semanario, acaso por saber llevar a sus páginas
las noticias que estos demandan y que esencialmente no son demasiado
distintas de las que reclamaban hace más de un siglo, esto es,
las crónicas de la vida local en la región oriental de
Asturias y las procedentes de la comunidad llanisca de América,
particularmente en México y Venezuela, a todo lo cual se añade
la información cultural de diversa índole. Los más
de cuarenta corresponsales con que cuenta EL ORIENTE, aparte de las
cuatro personas que integran la redacción cumplen este cometido
actualmente. Desde la fundación del semanario ha habido dos apartados
que han resultado notoriamente favorecidos, que han sido los referentes
a las fiestas de la comarca y al obituario, seguramente por tratarse
de acontecimientos que poseen un especial significado para la colectividad,
tan afectada por las cicatrices de una emigración que a menudo
adquirió caracteres de tragedia.
Al respecto, es necesario señalar que EL
ORIENTE ha sido desde su fundación un medio efectivo de comunicación
entre Asturias y los protagonistas de una diáspora que hunde
sus raíces en el siglo XIX, con una dimensión marcadamente
ultramarina. Así se comprende que cada sábado salgan de
los talleres de la calle Gutiérrez de la Gándara cientos
de periódicos, cuyo destino es Argentina, Chile, Venezuela, Estados
Unidos y, sobre todo México, Acapulco, Puebla, Veracruz, Guadalajara,
Monterrey o la capital mexicana son los lugares de residencia de una
nutrida colonia originaria de las tierras orientales del Principado,
y hoy desparramada por aquél inmenso estado. Algunos de ellos,
descendientes de estos emigrantes, continúan sentimentalmente
unidos a su tierra de procedencia a través de las noticias del
mismo periódico que leyeron con avidez sus antepasados. Más
no sólo aquellos lejanos lugares constituyen el destino del semanario
llanisco: no hay provincia española en la que no se reciban diversos
ejemplares de EL ORIENTE, aunque entre todas ellas sea Madrid donde
el número de lectores es más abundante. Y como estos emigrantes
fueron echando raíces allí donde su semilla prendió,
los distintos países de la vieja Europa, donde se instalaron
muchos de estos individuos en los años sesenta, tampoco son excepción.
Por todo ello, las añosas colecciones de
EL ORIENTE, que muchos asturianos cuidan como oro en paño, son
tesoros que guardan exquisitas joyas de la vida local, cuyo aprecio
es inestimable para los estudiosos del pasado. A ello se añaden
los sucesivos números extraordinarios que año tras año,
verano tras verano, han salido de la prensa de este venerable periódico
desde aquél lejano estío de 1955. Cientos de colaboraciones
sobre la historia, la lengua y las costumbres de Llanes y su comarca
están encerradas en sus páginas, y todas ellas escritas
con un incomensurable cariño, dedicadas con eterna gratitud a
los lectores. Los nombres de Juan Ignacio Ruiz de la Peña, José
Caso, Rafael Fonseca, Mary Cruz Morales, Ignacio Quintana, Luis García
San Miguel, Juan Carlos Villacorta, Rodrigo Grossi, los hermanos Villaverde
y otros muchos van indefectiblemente unidos a los últimos lustros
del número extraordinario del periódico llanisco.
Pero no quedarían completas estas líneas
acerca de EL ORIENTE, si no se añadiera que, gracias al estímulo
y al incansable quehacer de Manuel Maya, en el año 1970 apareció
la colección de TEMAS LLANES, como expresión de un ímprobo
esfuerzo que ha logrado publicar hasta la fecha noventa y seis títulos
comprensivos del pasado y del presente, del paisaje y del paisanaje,
de las tierras orientales de Asturias. Pocas veces ha merecido tanto
una empresa que pone en manos del lector en general, y del estudioso
en particular, la esencia de una región, de una comarca. Y por
si ello fuera poco, en las Navidades de 1988 se imprimía el primer
volumen de LA FOTO Y SU HISTORIA, bajo cuyo epígrafe se han publicado
hasta el momento catorce títulos, nutriéndose su contenido
fundamentalmente de la extraordinaria colección gráfica
de Manuel Maya, complementada con otros repertorios privados. Han pasado
casi ciento treinta y dos años desde que un 21 de marzo se fundara
EL ORIENTE DE ASTURIAS, y durante este tiempo ha contado con seis cabeceras
y con cuatro formatos. La antigua tipografía ha dado paso al
moderno sistema de impresión que se implantó en 1976,
y la tirada ha crecido sin parar en la últimas décadas.
Manuel Maya ha conservado románticamente el viejo espíritu
de este semanario local, y a la vez le ha infundido un aire nuevo que
le ha permitido llegar más lejos, sin otra ayuda que la del ingenio,
y la proveniente de la eficiencia y la entrega de Uca Mallén,
o Patricia si se prefiere el pseudónimo, en las tediosas labores
de redacción. Muchos lustros contemplan el sacrificio del actual
director de EL ORIENTE, para ponerlo en manos de una tercera generación
de la saga de los Maya. |
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